viernes, febrero 03, 2006

finaliza mi "adios a la empresa" (parte III)

Esa misma noche comencé a analizarlo todo con mi coach. Y una idea comenzó a tomar relevancia: “si al final decido quedarme, ¿no será mejor no forzar la oferta económica en una noche?”. Quiero decir que si decidía quedarme, si tomaba este riesgo y no el otro, quizá lo más justo fuera dejar que me ofrecieran lo que considerasen oportuno, sin presiones.

Lo que me ofrecían me gustaba (al fin y al cabo veía ambos trabajos con ganas). ¿Qué podía ocurrir? Que dentro de un mes me ofrecieran una subida del 10% y entonces me sintiera engañado. Pero, una vez más, si eso ocurriera no tendría más que reiniciar el proceso de “adiós a la empresa” y esperar pacientemente.

De modo que, de nuevo antes de acostarme, tomé mi decisión. Les diría a primera hora que la oferta económica podía esperar, que me quedaba. Eso les demostraría implicación y confianza, y nos quitaría estrés a todos.

¿Os parece una decisión lógica, coherente, extraña, estúpida?

Lo curioso es que ninguno de los dos reaccionó. Ni alegría, ni alivio, ni... Fue como si les diera la lectura del gas.

Me han pedido una descripción de funciones para el puesto que ellos me ofrecieron (RH), para el que más o menos tengo ya asignado (MKT) y para ese otro que ambiciono (VENTAS). Además de una descripción similar de mi puesto actual. Parece ser que han pedido lo mismo a la gente que tiene cargos de responsabilidad y que con todas las piezas ellos montarán el puzzle (qué cargos habrá, qué responsabilidades tendrá cada uno y, sobre todo, quién ocupará cada cargo).

Me parece una buena idea. Yo llevo unos días intentando preparar esos documentos de la mejor manera posible. Con un enfoque parecido a las ofertas de consultoría (al fin y al cabo de esta venta depende mi futuro).

Tengo muchas ganas de que pase este mes y poder comprobar qué pasa aquí, qué cambios se producen, cómo me van a valorar y qué me van a ofrecer. Y sobre todo si me voy a arrepentir. Arrepentirse es una tontería (no aporta nada), más bien se tratará de analizar si la decisión que he tomado fue acertada o no. Ya os contaré.

Continuará.

jueves, febrero 02, 2006

finaliza mi "adios a la empresa" (parte II)

Uno de mis problemas es que tengo 2 jefes. Uno es mi jefe directo, accesible, dialogante, hasta un amigo; pero no toma decisiones. El que toma las decisiones es su hermano mayor, directo, resuelto y sensato; pero difícil de pillar.

Quería hablar con ambos, pero eso es difíc... imposible. Así que se lo planteé a mi jefe directo:

“¿Qué futuro tengo aquí? Llevo más o menos 1 año desmotivado porque no entiendo mis objetivos, no sé qué pinto...”

Para mi sorpresa mi jefe se lo esperaba. Dice que él lleva un año buscándome un sitio. Y que tras la reestructuración (que está ocurriendo justo ahora) yo debería quedar con unas funciones definidas justo debajo de los 4 hermanos. Eso me gustó, pero entonces pasé a la segunda parte.

“Tengo una oferta que me gusta, con las responsabilidades que estoy buscando y con una mejora salarial. Y tengo que responder enseguida. De modo que lo que quiero es que me digáis qué puesto me ofrecéis y con que condiciones –lógicamente quiero tener unas responsabilidades mayores, pero quiero cobrar por ello de modo acorde”.

Tampoco alteró esto a mi jefe. Me dijo que lo entendía, que hablaría con su hermano y que intentaría responderme lo antes posible.

Pues a esperar. Y la verdad es que fueron unos días difíciles, porque no me concentraba; ni quería avanzar trabajo sin saber qué sería de mi.

Me sorprendió que mi jefe no me preguntara en ese momento, ni después, cuánto dinero me ofrecieron. Pero esperé pacientemente.
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Finalmente me pude reunir con mis 2 jefes. El jefe-jefe (el mero mero como dicen en Guatemala) me explicó cuál era su idea de la organización, cómo debía evolucionar (estructurarse), y cómo/dónde me veía a mi. En la casa cuentan conmigo, me consideran de confianza y, además, consideran que estoy preparado para diferentes responsabilidades (lo que me gustó porque venía a decir que más allá de conocimientos técnicos tengo habilidades de otro tipo –organizativas supongo- que valoran más).

Y me ofreció una responsabilidad extraña que él llamó Recursos Humanos. "¿Qué? ¿ Recursos Humanos?". Parece ser que hay que organizar los Recursos Humanos de la empresa, más o menos porque cada uno hace lo que quiere, y además no se planifica (nos come el día a día). Además me ofreció gestionar la imagen corporativa y el marketing, algo que no está muy claro lo que es pero que sí había pedido yo (de alguna manera).

La verdad es que la reunión no iba como yo esperaba. Yo lo que quería era que me dijeran qué iba a hacer (concretando) y cuánto me pagarían. Y cuándo (porque imaginaba que esto no podría empezar al día siguiente). Con eso podría tomar una decisión.

Pero hasta ese momento sólo tenía una charla (y lo raro es que el “consultor bla-bla-bla” soy yo), una oferta para una responsabilidad que no entendía, ni era la que yo buscaba, y nada de nada sobre dinero. Algo iba mal.

De modo que ya que ellos no lo decían lo haría yo. “¿Sabes que tengo una oferta de trabajo?” ¡Pues no lo sabía!

Pero ¿así es como le prepara la reunión mi jefe a su hermano? Yo creo que era un dato importante para habérselo comentado. La verdad es que en ese momento fue él quien quedo un poco descolocado en la reunión.

De modo que me tocaba a mi hablar. “Quiero saber exactamente qué voy a hacer”. Y les dije qué quería. La respuesta fue que podían esbozarlo, pero que no podían comprometerse porque no tenían definida la estructura (y es lógico, porque es un proceso delicado que no tienen por qué precipitar en una noche solo por mí –no soy tan importante). “Bueno, ¿cuándo lo sabréis?”. En el plazo de un mes (menos de lo que esperaba). Y pensaban que habíamos acabado.

Una pregunta más, es que yo necesito saber cuánto me vais a pagar. Es para tomar una decisión”. De nuevo me dijeron que no podían ofrecerme una cantidad sin saber qué puesto ocuparía. Lógico también. “Pero yo necesito saberlo para tomar mi decisión”. Acordamos que me harían una oferta al día siguiente.

Y volví a casa, a hablar con mi coach con una sensación extraña. No tenía lo que había ido a buscar: datos concretos para tomar mi decisión. Además me habían desconcertado con unas responsabilidades que no esperaba (RH). Por otro lado pintaba bien el nuevo enfoque de la Dirección, me habían transmitido una gran confianza, y hasta me había gustado cómo reaccionaron a mis exigencias (complicadas).

Mi decisión os sorprenderá (y alguno pensara que soy un retrasado).

finaliza mi "adios a la empresa" (parte I)

Pues parece que mi adiós a la empresa se acerca a su final. Y creo que no voy a cumplir las expectativas, porque veo que voy a seguir siendo asalariado.

El otro día me llamó un antiguo compañero, un amigo de mis tiempos de consultor. Me adelantó una oferta de trabajo y esa misma tarde cerramos todos los detalles con una caña (por cierto ya sabía que existía esta posibilidad, no era completamente repentino, aunque la verdad es que le había asignado una baja probabilidad de salir).

Este amigo ha entrado en una consultora de tecnologías recientemente creada (creo que hace unos 4 años) pero con un tamaño considerable (en torno a los 800 empleados y a los 40 millones de euros de facturación). Esta consultora quiere ampliar su cartera de productos y ha pedido a mi amigo que desarrolle una línea relacionada con el management, los modelos de excelencia, calidad, cuadro de mando, organización, etc.

La verdad es que mi amigo está muy ilusionado con el proyecto y tiene la capacidad de transmitir (contagiar) esta ilusión. Básicamente me ha propuesto crear/organizar el “invento” junto a él. Yo entraría en este área/división/departamento/lo-que-sea en 2ª o 3ª posición. Empezaría con actividades comerciales y de producción, pero pasaría a la gestión de equipos en cuanto... hubiera equipos que gestionar.

¡Volver a producción! Durante nuestra charla me recordó lo que él mismo me dijo cuando me fui de la consultora “vas a ser un staff, ya no estarás en el “core bussiness”, lo vas a echar de menos”.

El caso es que la oferta estaba hecha. No había muchos más detalles, ni hacían falta. Bueno salvo el pequeño detalle del salario, que incrementaría el mío actual en un 50%.

Pues fijaos que me marché a casa preocupado. Porque es duro tener que elegir. Sería fácil si quisiera irme, si sintiera que aquí me tratan mal, que no se me aprecia, si estuviera quemado... Además sentía cierto “vértigo” respecto a mi nueva opción. ¿Volver a consultoría? ¿Pero justo ahora, que va a haber cambios aquí? ¿Con mi trabajo actual tengo un horario difícil, pero volver a viajar? ¿Tendré tiempo para ver a mi hija? ¿Cómo será la nueva empresa? ¿Funcionará el proyecto? ¿Funcionaré yo? ¿O me habré oxidado?

Esa noche hablé mucho con mi coach (o mentor, no estoy seguro de la diferencia) que es mi mujer. Al final lo único que quería era olvidarme y despejarme un poco.

Pero soy demasiado cabezón para eso. Y muy directo. De modo que esa misma noche tomé una decisión: si me igualaban en salario y funciones me quedaría donde estoy ahora (lo que conozco); si no me arriesgaría y cambiaría que, al fin y al cabo, si sale mal siempre hay tiempo para buscar otra cosa; y un 50% más de ingresos me hacía tilín...

De modo que decidí plantear las cosas a mis jefes y obligarles a que se mojaran.