jueves, enero 19, 2006

conciliación de la vida laboral y privada ¿con hijos?

A propósito de uno de los puntos expuestos por Sr. Martínez sobre la conciliación de la vida laboral y la vida familiar, sobre el décimo, que se refiere a la preferencia de empleados casados -o no casados- (y que más tarde, en los comentarios, nos confiesa que no es inventado), he recordado una vivencia personal.

La Directora de Consultoría y Socia Fundadora de la primera consultora en la que estuve tenía un equipo de tres Gerentes sobre el que se apoyaban todos los proyectos (por incríble que parezca –a mí no- con tres Gerentes con experiencia y un número variable de becarios –caracterizados por las ganas y por el bajo coste- se puede sacar adelante un lucrativo negocio. Pero eso es carnaza para otro post).

El caso es que sus 3 Gerentes eran una mujer casada y con hijos y dos jóvenes en torno a los treinta casados y sin hijos. Y hay estaba el quid. Mi jefa no tenía problema en explicar que “quería” (y no sé si también “influiría para”) que uno de ellos tuviera hijos pero que el otro no. ¿eh?

Ambos (de hecho los 3) trabajaban un montón. Una dedicación extraordinaria; esa mujer debía desprender algún tipo de liderazgo que yo no llegué a captar (por suerte). Pero los caracteres de estos dos gerentes eran muy diferentes:
  • El primero era un tío trabajador y muy responsable. Dos buenas características para un consultor. Para un consultor soltero o sin hijos porque, eso pensaba mi jefa, cuando tuviera hijos su sentido de la responsabilidad le obligaría a trabajar menos para poder dedicar más tiempo a la familia. NO HIJOS.

  • El segundo era también trabajador, y muy listo. Pero sobre todo era muy “pijo” (le gustaba proyectar una imagen de éxito -como a todos, pero a él más). De modo que si tuviera hijos tendría que trabajar más para mantener un alto nivel de vida para tres. Para él sería importante que su hijo/a mantuviera esa imagen de éxito (la de él, se entiende). Pero eso tiene un coste que sólo se puede pagar trabajando más. HIJOS SÍ.

Sólo pensarlo, planteárselo, ya me parece falto de ética. Y conociendo al personaje (mi jefa, también aparece reflejada en este post) no me extrañaría que hubiera hecho algo más que pensar.