viernes, noviembre 25, 2005

horarios

Contaba Consultor Anónimo que los consultores de menor nivel tenían que pedir permiso para irse a casa ¡a las 9:00 de la noche!

Una vez me encontré en esa situación. Estábamos en el cliente, en uno de esos proyectos importantes (estratégicos los llamaban en esa consultora) Pero mal gestionado, de modo que cuando hubo quejas del cliente la solución fue meternos a otros tres consultores "a empujones" (ya conocéis la situación, se trataba hacer el trabajo necesario –quizá unas tres horas al día- y aporrear el ordenador el resto del tiempo, para que tuvieramos presencia)

El caso es que el gerente del proyecto se reunía con la Dirección siempre a última hora de la tarde, y le gustaba que nos quedáramos allí, esperando sin nada que hacer, “por si acaso”.

Supongo que yo ya estaba quemado en esa época, porque el primer día que viví la situación recogí mis cosas y me fui a casa, a mi hora. No sabéis la lástima que me dio dejar allí a dos compañeros esperando, a veces hasta pasadas las 12. Uno era un becario con 2 o 3 meses en la empresa. El otro era un consultor con experiencia, pero muy “maltratado” en la casa (vamos, puteado)

Pues el gerente, un “trepa” del que voy a escribir algunos post específicos, salió de la reunión para pedirme algún documento 15 minutos después de mi huida. Llamó a mi teléfono y me dijo algo así como “...pero cómo te vas... necesito tal cosa... bueno pues ya me apañaré...”

Nada de "me apañaré", por supuesto yo regresé para darle el dichoso papel (que calor, era una chorrada)
Supongo que los dos aprendimos algo ese día. Por mi parte seguí sin quedarme solo para alimentar su ego, pero siempre procuré que todo quedara hecho, visible y accesible. Él no volvió a llamarme para esas reuniones absurdas, y procuraba pedirme lo que necesitara de antemano.

1 Comments:

Blogger Telémaco said...

Hace algunos años viví una situación muy parecida.

En mi caso yo no estaba haciendo bulto sino poniendo a punto un programa y el jefe estaba a mi espalda mirando lo que tecleaba y poniendo cara de que entendía algo.

Aproveche que desapareció durante media hora y me marche totalmente agotado a las 12 menos cuarto de la noche (sin pedir permiso).

El tío me llamó a casa para ordenarme que volviese y le dije que sí, que al día siguiente a las 8 de la mañana, que si quería me podía esperar allí.

Desde entonces me putea todo lo que puede, pero sólo me arrepiento de no haberlo hecho muchas más veces.

noviembre 25, 2005 12:05 p. m.  

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