viernes, agosto 26, 2005

buscar trabajo

A propósito de un comentario de yo_mismo (de otro día trabajando) me meto a opinar de los procesos de búsqueda de empleo. Vaya por delante que no me considero un experto, simplemente voy a contar cómo conseguí el empleo en el que estoy ahora y, por supuesto, daré mi opinión sobre algunas cosas (que para eso sirve esto de tener un blog, para opinar de lo que quieras sin necesidad de conocer o entender. Aunque para hacer eso no hace falta un blog, como han demostrado los periodistas como mínimo desde que yo les hago algo de caso)

El caso es que, ya que se me ha preguntado... En principio creo que los periódicos sepia y las páginas tipo INFOJOBS son adecuados para mí (para mi perfil, se entiende)

La red de contactos hay que tantearla, por supuesto. Pero hace falta que intervenga la suerte, ya sabes, estar en el momento y en el sitio adecuado. otra cosa son los enchufes. Con uno del tamaño correcto no necesitas estar pendiente de nada de eso, simplemente decidir qué, cuándo, cuánto... El que pueda, pues enhorabuena (le recomiendo un curso que he leído últimamente cortesía de vomistar)

Y los headhunters. Lo mejor, pero... Sinceramente creo que, hoy por hoy, no doy la talla. Otra cosa es que maquillando un poco mi CV y buscando un headhunter de medio pelo... sí, estoy dispuesto a intentarlo. Pero no lo llamemos headhunter, porque en el imaginario popular un headhunter es el que hace los grandes fichajes, las superestrellas.

Lo importante es estar al loro. La vez pasada, al igual que ahora (todavía no he empezado, pero ya estoy persuadido de hacerlo) realicé la búsqueda con mucha calma. No estaba tan mal en mi trabajo, y tomarte las cosas con relajación evita stress (que es mu' malo), te permite ser más selectivo, ver las cosas con cierta perspectiva e incluso proyectar una imagen de mayor seguridad ante tus entrevistadores.

De modo que contestaba algunos anuncios, hablaba con determinados conocidos, acudía a (contadas) entrevistas... y seguía haciendo mi trabajo lo mejor que sabía.

Un día mi jefe (funcional en ese caso) me pidió que hiciera una visita comercial a una empresa de mi pueblo (zona noroeste de Madrid) Perfecto, me serviría para dormir un poco más o para llegar antes a casa.
El cliente (potencial) había dejado de contar con los servicios de su responsable (mi antecesor, que ahora sé que fue despedido fulminantemente) y necesitaba que alguien le sacara las castañas del fuego durante una época complicada. No tenía claro si después contratarían a una persona o un outsourcing.

En ese momento ni la vi. Simplemente presente mi oferta y, días después, llamé para enterarme de que no la habían aceptado.
Creo que tardé unos días, pero finalmente fui capaz de atar cabos: pensaban contratar a alguien, estaba a 5 minutos (andando) de mi casa, las oficinas eran impolutas, el chico parecía majo...

Les llamé y les dije que ya que habían rechazado la oferta, a lo mejor querían contratarme a mi. Por supuesto antes de llamar valoré las implicaciones éticas, pero resolví que ya que la oferta estaba rechazada no había problema.

Y entré en un proceso de selección, con la diferencia de que los demás candidatos contestaban a un anuncio (reactivo) y yo me presenté antes incluso de que se publicara el anuncio (proactivo) Eso le gusto a mi (futuro) jefe.
Además demostré bastante empuje en las entrevistas: les dije, y era verdad, que para lo que me querían no necesitarían mis servicios más allá de un año y que yo lo que quería era impulsar proyectos novedosos (para mi y para la empresa); además les propuse una remuneración que combinara un fijo con un variable asociado a objetivos (lo cual fue un acierto porque, aunque yo no lo sabía entonces, después de la mala experiencia con mi antecesor no querían mojarse mucho hasta conocerme)

Y negocié unas condiciones que mejoraban mucho lo que tenía entonces y que, creo, a ellos les han sido muy convenientes.

Así comencé aquí.

Amigos y conocidos me dicen, a menudo, que tengo mucha suerte por el trabajo que tengo (fundamentalmente porque ahora pierdo menos de 20 minutos al día en traslados al/desde el trabajo)

Yo creo que hay que estar atento a las oportunidades y no dejarlas escapar. Desde luego fue una suerte estar en el momento y en el sitio adecuado; pero hacía falta ver la oportunidad, hacía falta ofrecerse sin invitación previa, y también hacía falta ser capaz de convencer.

jueves, agosto 25, 2005

¿cómo serán los proyectos una vez entregados?

Los valores de la consultora en la que trabajaba chocaban con los míos propios y eso me hacía infelíz. Esa es la verdadera razón por la que comencé a buscar otro trabajo (una entre muchas, aunque la más importante)

Pero, como ya sabemos, para buscar (más bien para encontrar) trabajo hay que ser todo un profesional (de la entrevista, del CV, de las dinámicas...) Y a ello que me apliqué (hoy no toca, pero me prometo sacar un bonito post más adelante)

Entre otras cosas tienes que prepararte tus coartadas, porque estos entrevistadores están hechos unos zorros, y te hacen unas preguntas de lo más... fastidiosas. Una de las que me preparé era esa de ¿por qué quieres dejar tu empresa?

Aunque consideraba que cobraba poco, que el modo de trabajo no era correcto, que... no me parecía que decirlo fuera una buena idea, más que nada porque yo quería vender una imagen de mi mismo como un triunfador. Y un triunfador no tiene un salario miserable, ni trabnaja en una emrpresa que ha olvidado a sus clientes, ni... (de todos modos ¿no son todas las empresas así?)

De modo que mi coartada sería: estoy harto de preparar los proyectos para otros y, una vez entregado el producto, irme y olvidarme de todo: ¿qué habra sido de mis queridos proyectos? ¿de los proyectos a los que dediqué tantas horas y trabajo? (recordad que yo, al principio, disfrutaba con lo que hacía) ¿cómo se habrán desarrollado en el día a día? ¿habrán crecido? Quizá hayan madurado como proyectos, tengan su propia vida (¿se habrán casado, tendrán una casa y dos pequeños proyectos-hijos?)

El caso es que esa era mi coartada, creible hasta el punto de que yo mismo me la creía. Y me la creo.

PERO OJO. Este post es un aviso para los que sigan mi camino.

Cuando cambies de empleo fíjate bien en que tipo de proyectos vas a llevar. Porque yo he caído en una trampa (otra) en la que me he metido solito: ahora inicio, desarrollo y veo morir los proyectos. No me puedo quejar, yo mismo defino objetivos, implanto, y luego me encargo de hacer el mantenimiento hasta el fin de los días. Lo malo es que no se trata de proyectos de producción (digamos proyectos que se encuentren en la “cadena de valor del cliente”)

De modo que (y ya empiezo a repetir mi cantinela quejosa que os sonará de otros post) todo lo que hago es considerado como un coste (¿aporto algún beneficio?), siempre pasa a segundo (o tercer) plano ante cualquier necesidad de producción o ventas, y encima gozo de la incomprensión, cuando no odio, de casi todos en la empresa (en general la gente no sabe qué hago yo, pero es que además me toca sacar adelante toda clase de marrones que no hacen más que aumentar la carga de trabajo de otros)

De modo que en mi próxima vida voy a diseñar coches, a construir casas o a gestionar una red de ventas. Quiero tener una responsabilidad con un objetivo que todo el mundo comprenda, quiero poder cuantificar ese objetivo para saber (yo y los demás) cuál es mi nivel de desempeño, quiero que mi misión sea clave (o estratégica) para que todos me consideren como imprescindible.

Y quizá intente acordarme de que el personal de staff (los responsables de esos procesos que se llaman de apoyo o soporte) hace un trabajo imprescindible en la organización, por ejemplo para que los sistemas de información funcionen, para asegurar el cumplimiento de los requisitos legales, para que cada día uno a todos se nos hinche la... cuenta corriente, para atraer clientes, para...

PD.: por favor, que alguien me recuerde que tengo que escribir algún post relatando la parte buena, porque me leo y parezco completamente “burn out”. Y la verdad es que no es el caso.

miércoles, agosto 24, 2005

por qué no funcionó el cambio de puesto (II)

Agradezco los comentarios de apoyo, pero lo cierto es que no me quejo. Por lo menos intento no quejarme mucho. Como bien habéis dicho, es otra lección que aprender.

Ni siquiera me arrepiento. Desde mi perspectiva (que obviamente es MUY subjetiva) creo que la lección es la siguiente: los cambios solo se producen cuando se impulsan desde arriba y con plena voluntad de realizarlos.

Lo que me da pena es que ahora veo pocas perspectivas en esta organización. Y es una lástima porque me gusta trabajar aquí: cerca de casa, cómodo, tengo un buen jefe (es que no lo quería liar mucho, pero mi dependencia directa era de otro hijo que no salió en la historia anterior), sueldo razonable...

Mi amigo dice que él valora tres parámetros para cambiar de trabajo: comodidad (está más cerca, tiene mejor horario, ofrece un despacho de ministro...), beneficios (mayor salario, coche de empresa, se evitan gastos del tipo que sea...) y supone un reto (el trabajo me gusta más, el nivel de presión / responsabilidad es el que busco, considero que voy a aprender, digamos que mi cabeza se siente satisfecha) Él dice que para cambiarse tiene que ver beneficios en 2 de los 3 criterios.

Estos meses he descubierto que simplemente con que uno de esos 3 criterios se haya caído, ya estoy dispuesto a irme.

martes, agosto 23, 2005

Extraña estrategia comercial

Se me ocurren algunos comentarios al artículo “Detroit sufre la resaca de los descuentos”, publicado en elmundo.es, que describe los resultados de una guerra de precios emprendida por los tres grandes fabricantes de automóviles de Detroit.

Algo así como que, agobiados por la creciente competencia oriental, y con un millón de coches en stock cada una, estos tres gigantes deciden parar la producción y vender su stock a precio de ganga (el mismo que ofrecen a sus empleados) Y, por supuesto se comen el mercado durante un par de meses... con la mala suerte de que pasada esta mágica época sus ventas caen en picado porque... NO TIENEN PRODUCTO PARA VENDER (lógico si vendes más que nunca y produces menos que nunca)

Aunque es difícil opinar con lo que aporta este artículo. Me faltan datos para sacar conclusiones (dime cuál era la cuota de mercado hace un año, no el mes pasado), me despistan conclusiones aparentemente contradictorias (al final ¿la operación ha sido negativa o positiva para ellos?) y además se comparan índices que no estoy seguro que sean comparables.

  • Cuando he leído algo de marketing he observado cierta tensión al llegar al capítulo de la guerra de precios. Según tengo entendido se trata de un charco en el que es fácil meterse, pero salir... Aunque es cierto que estas compañías llevaban por lo menos 12-18 meses haciendo todo tipo de ofertas irresistibles (por ejemplo la financiación 0%) Y hay otras marcas que basan su política de ventas en la continua rebaja (¿cuánto dura el mes del diesel?); y les va de perlas.

  • Pero sobre todo: UN POCO DE PLANIFICACIÓN!! Me sorprende eso de “lo vendemos todo en junio y en julio los estantes vacíos y una mano sobre la otra”. No es propio de las organizaciones de las que hablamos. Sobre todo por imagen, que para una empresa automovilística es la vida. ¿Y en una industria que maneja la logística tan bien?

El artículo, de primeras, me ha llamado mucho la atención, pero me quedo con la duda de qué ha sido lo que ha pasado realmente. Me gustaría conocer los verdaderos motivos para estas maniobras. Y me gustaría que alguien publicara una análisis dentro de, digamos, 12 meses; porque las cosas en perspectiva se ven mejor.

lunes, agosto 22, 2005

por qué no funcionó el cambio de puesto

La empresa en la que trabajo ahora es una empresa familiar. ¿Pequeña? No somos muchos, pero facturamos más de 100 millones al año.

La empresa se organiza básicamente en producción y venta. Además hay un área de organización en la que cabe todo lo demás (¿adivináis dónde estoy yo?) y hay una parte importantísima del negocio, de nivel estratégico, que se lleva directamente desde Dirección.

Y ¿quién es la Dirección? La dirección la forma el fundador de la empresa, todos sus hijos (casi un equipo de baloncesto) y el amigo-persona de confianza-socio del fundador. De modo que es una empresa no-tan-grande, con 2 departamentos y medio, y 6 jefes que mandan sobre todos los curritos.

El caso es que aunque he pintado un panorama muy de película de Paco Martínez Soria, esta gente sabe lo que se hace, sabe como hacer dinero y no tienen ni un pelo de tontos. Y desde que han empezado a crecer a lo bestia (últimos 10-12 años) han intentado organizarse. Pero ya se sabe que cuando estás a una, difícilmente puedes estar a otra. Y si te estás preocupando por mantener tu ritmo de crecimiento, no puedes perder mucho tiempo en Organización (inciso: aunque en esta organización no hacen falta títulos, ese podría ser mi puesto, Responsable de Organización)

Además en una organización con seis cabezas a ver quién le pone el cascabel al gato (la bicefalia de la tortuga descrita por estratega se queda en poca cosa comparado con este dragón de seis cabezas)

Así que ahí estoy yo, en ese medio departamento que ni produce ni vende, dependiendo de una de las cabecitas pequeñas, intentando sacar mis proyectos que, creo, cada interesan menos a nadie (ya dije que me considero un consultor interno, aunque empiezo a creer que se trata de uno de esos mecanismos psicológicos –la racionalización- que me lleva a retorcer los hechos para que la realidad se ajuste a lo que yo considero correcto) Y me viene a visitar el GRAN JEFE!

Conviene decir que este señor y yo no habíamos hablado nunca sobre mi trabajo (después de un par de años) y que, de hecho, se trata de una de esas personas hechas-a-si-mismas que considera todo lo que no sea producir o vender como un coste.

El caso es que este hombre se presentó en mi despacho, se dirigió a mi por mi nombre y me ofreció la dirección del área comercial (y aclaro que esto es una forma de hablar, porque este señor no "ofrece", él dice lo que se debe hacer; y eso de “dirección del área comercial” es una entelequia para él)

El caso es que para mi fue una alegría porque quise hacerme cargo de esa área prácticamente desde mi incorporación (ambiciosillo yo) Desde que no era consultor echaba de menos la producción (estar en la pomada), y aquí solo hay dos opciones en ese sentido, producir (no tengo la formación técnica necesaria) o vender.

El área comercial no está bien organizada. Funciona porque la arrastra el mercado, pero no hay una clara (ni suficiente) definición de puestos, de responsabilidades, de procesos de trabajo... ni una sistemática de recogida de datos, ni una política de trabajo, ni una clara orientación a largo plazo, ni una política de comunicación (en ningún sentido)... El responsable del área no está interesado en que se organice ni se preocupa del día a día (quizá por evitarse dolores de cabeza, o quizá porque tiene otras responsabilidades)

Lo cierto es que el personal del área se siente un poco abandonado; aunque secretamente disfrutan de esa libertad, de esa falta de criterio que les permite hacer y deshacer. Y sin embargo el resto del personal se siente agraviado: porque en este área hay una gran laxitud en el cumplimiento de las normas, porque los resultados son negativos, porque su modo anárquico de trabajar dificulta sus tareas...

Todos en la organización (salvo el Gran Jefe y el Director Comercial) considerábamos que hacía falta organizar esta área y establecer un responsable. DE MODO QUE PERFECTO!!!


Contado así parece un poco repentino, pero la verdad es que yo trabajé para conseguirlo. Ya que no se había definido una forma de trabajar, me encargue de que existiera (rudimentaria, sin entrar en detalles, intentando que gratificase a todos); ya que no se trabajaba sobre datos objetivos, me encargué de diseñar indicadores, los medí y comencé a presentar diferentes informes con carácter quincenal, mensual, cuatrimestral y anual; ya que no había un responsable específico para todos los temas relacionados con la publicidad y la comunicación, comencé a asumir responsabilidades hasta que quedó claro que era cosa mía; en mi frecuente trato con el área de ventas aproveche para aprender y para comunicar a mis jefes los puntos débiles, las propuestas de mejora, posibles actuaciones... Lo cierto es que estuve un par de años acechando mi objetivo.

Pero la realidad supera a la ficción. Mi experiencia me ha enseñado que los jefes primero te dan las responsabilidades, y luego, una vez que has demostrado tu capacidad y que has logrado ciertos resultados, te ofrecen las correspondientes subidas (categoría, salario, beneficios...) Y eso si tú lo pides (quien no llora no mama)

De modo que yo recibí del Gran Jefe el siguiente encargo: “que asumiera la responsabilidad sobre el equipo de ventas”. Eso sin decirme cuáles eran mis objetivos, cuáles debían ser mis líneas o políticas de actuación, con qué recursos contaría o qué decisiones podía y debía tomar...

Y ¿por qué no se lo pregunté? Pues porque aquí las cosas no son tan sencillas. Como ya os expliqué no se trata de un hombre al que se pueda hablar de objetivos, recursos, organigramas... este hombre forjó la empresa de la nada hace 30 años, y no sabe lo que es un MBA, el management o el marketing. Él sabe de resultados.

De modo que sería más fácil hablar con su hijo, el Director del área que yo llevaría y a quien, supuestamente, reportaría.

Las primeras 6 semanas no conseguí ni un solo resultado, ya que padre e hijo no hablaron del tema y el equipo comercial no sabía (oficialmente) que había un nuevo puesto en el organigrama.

Pero, como las cosas tienen que ocurrir, al final comencé a hacerme cargo de mis responsabilidades. ¿Qué responsabilidades? Como no se trata de una gran empresa, con una organización con funciones y responsabilidades definidas... pues comencé simplemente a hacer lo que me iban pidiendo. Ese fue mi gran error, quizá el que, finalmente, me ha llevado a plantearme la vida fuera de esta empresa.

Entré en un juego en el que tenía que gestionar a un equipo de gente que sabía que yo no podía tomar decisiones de importancia, que sabían que podían puentearme y llegar al jefe, y que además sospechaban, y más tarde constataron, que el jefe les apoyaría antes que a mi. Aderezado esto con el caos de comunicación que suponen 6 jefes que dan directrices a cualquiera sin pasar por el responsable (yo) y con la falta de planificación por parte de la gerencia (si después de meses sin planificar actuaciones se decide que algo debe estar para mañana, DEBE ESTAR PARA MAÑANA)

La mayoría de estos problemas los conocía, pero resulta que soy de esos echaos pa’lante que deciden afrontar los retos con optimismo y trabajo. De modo que intenté definir políticas de trabajo y, sobre todo de comunicación; comencé a tratar mucho con el equipo comercial; empecé a revisar bibliografía y a buscar metodologías de la competencia (incluido un benchmarking heterodoxo con unas cervezas con amigos del ramo) ...

Pero con intentarlo no vale. Siempre he dicho que en todo proyecto, siempre, lo más difícil es la parte que se refiere a las personas. Lo sabía, pero no supe cómo afrontarlo. Y me topé con dos resistencias que me vencieron. Mis dos batallas:
  • La primera batalla la tenía perdida de antemano, aunque no por eso dejé de lucharla. Está claro que no era yo el que iba a hacer pasar por el aro a mis jefes (ya dije antes que no era fácil ponerle el cascabel al gato, y menos a seis gatos) Primer KO.
  • La segunda batalla me la jugaba con el equipo comercial. Lo cierto es que se trata de una gente majísima. Todos estaban encantados de que por fin hubiera alguien para poner orden y para controlar a los demás. Pero la primera vez que tomé una decisión que no les gustó... se transformaron, y de qué manera. El enfrentamiento tenía que llegar, y de hecho quería que llegara para afianzar mi posición. Lo malo es que yo era el que no sabía cuál era mi posición. Mi jefe, que conocía al equipo desde años antes de que yo llegara, no me apoyo. La primera vez, vale. A la segunda le tuve que decir que me retiraba. Segundo KO y no definitivo.



De modo que el trabajo y la actitud no sirven. Hay que saber, y está claro que yo no he sabido (aunque, y quizá esto sea otra racionalización, creo que estaba vendido antes de empezar, y que en otras circunstancias lo podría lograr)

El caso es que el KO no es definitivo porque sé que todavía me queda, por lo menos, otro revolcón. Porque en esta empresa ¿no creeríais que retirarse es tan fácil como decir “adiós”?

No tuve que explicarle a mi jefe cuál era la situación, porque desde que empecé a hablar tomó él la palabra. Sabía de sobra que en esta (des)organización yo no podía conseguir lo que me habían pedido (fuera lo que fuese, que todavía no lo sé) Y me quitó de en medio sin deshonor.

Pero resulta que él me relevó con la misma eficacia que su padre me aupó: no se ha comunicado oficialmente ni hacia arriba ni hacia abajo (¿lo sabrá ya el Gran Jefe?) y además me ha pedido que siga ayudando (¿y eso que significa? De nuevo tengo una responsabilidad pero no sé cuál es)

Así que sigo en medio y me estoy esperando un buen hos... revolcón. Por eso es por lo que el KO definitivo me acecha detrás de alguna esquina.


De modo que aquí ya no tengo nada que hacer. Aunque el mismo DIOS (quiero decir el Gran Jefe) me restituyera con todos los honores, el equipo comercial no me aceptaría después del fracaso anterior (ya han saboreado la sangre, de modo que si les vuelvo a fastidiar querrán más); dentro de las misma Dirección hay importantes poderes fácticos que prefieren que mi papel se limite a “echar una mano”; y además nadie va a prestar mucha atención a esto mientras sigamos creciendo y creciendo ("más madera...")

Soy un culo inquieto que quiere salir de este medio departamento staff de proyectos en el que estoy, pero no tengo la capacidad técnica para un puesto en producción y me he (me han) cerrado el camino hacia marketing (lo peor es eso, que no era solo comercial, incluía el lote completo!!) Pues creo que me tendré que buscar la vida en otro sitio.


PD.: hace unas semanas, cuando todo esto estaba ya cocinado, leí un interesante post en POPMK: “Consejos para un director de marketing que empieza”. Me gustó mucho leerlo y creo que es muy acertado. Pero como en cualquier otro libro de “Los 10 pasos imprescindibles para...” creo que los consejos no son suficientes para la situación que os he descrito. La realidad ha vuelto a superar a la ficción.

De nuevo aquí.

Ya se acabaron las vacaciones, aunque la buena noticia es que me han pedido que me coja otra semana. La semana que viene volveré a desconectarme, del trabajo y de la blogosfera.

Llevo unos días aquí, cotilleando los blogs de los compañeros (con poca actividad), mirando sin ser visto. Y lo cierto es que me resulta difícil encontrar temas de los que hablar. Me resulta más sencillo conmentar vuestros post, a menudo interesantes y certeros.

Algunas cosas que me gustan de redactar un blog:
  • Anonimato. Quien quiera puede ser anónimo, o eso creo, de modo que hay cierta libertad para decir cosas.
  • Esto de contar mi vida tiene un cierto poso terapéutico. Nunca he practicado el psicoanálisis ni la confesión... ni siquiera le cuento mis penas a mis amigos entre los vapores del alcohol. Pero me gusdta contar estas cosas, y opinar, y rebatir a otros...
  • Además con total libertad. Una de las cosas que me gustan de contar mi vida a tantos desconocidos es: que lo hago de forma selectiva y fragmentada. Debe ser que soy muy retorcido, porque me gusta eso de ir dando pinceladas, aportando piezas sueltas del rompecabezas.
    Nada de seguir un orden cronológico empezando por el principio y acabando por... sí, lo habéis adivinado, por al final.
    Nada de rellenar el cuestionario o contestar las preguntas según un guión.

    De hecho esta anarquía, espero que enriquecedora, me lleva a repetirme a menudo ¿ya había escrito que bla, bla, bla?
  • Otro grado de libertad se refiere a la temática. Aunque yo no lo estoy aprovechando, porque estoy intentando mantenerme fiel a esa temática trabajo-negocios-gestión-etc. Pero se me ha ocurrido que, ya que (por suerte) hay otras cosas en mi vida quizá podría crear otros blogs en los que comentarlas!! (en este caso pido consejo o ayuda: ¿de dónde puedo sacar el tiempo?)

    De alguna manera he querido explicar por qué escribo cómo escribo, sobre lo que escribo, con esa cadencia interrumpida con la que lo hago... pero no os preocupéis, que según termino esta parrafada ya estoy empezando un post ("por qué no funcionó el cambio de puesto") que aborda la temática habitual de este blog: ¿hay vida después de la consultoría? Un caso real.